Y está ocasión blogguer aún más brillante resulta ser luego de un fin de semana anti-cardíacos donde si estuviéramos varios, unos añitos más adelante en el tiempo, alguno que otro hubiera terminado en el Zubizarreta o porque no en el Borda. Y me quedo corto en los calificativos.
Fue un match vivido a mil revoluciones desde el hogar que envuelve a cada uno de nosotros, hasta el mismísimo sintético palermense. Cubilete en mano, sólo hacía falta girarlo y rogar por unos buenos dados. Y tener todas las de ganar. Más allá de algún que otro improperio (razonable), la sede caratulada "Gauchito Gil" nos esperaba con los brazos abiertos y nos comentaba al oído "Muchachos, la gente quiere divertirse. Hagan lo que saben hacer".
Fatídicos e interminables minutos de espera hasta el pitazo inicial, tanto en el vestuario como los alrededores del estadio, se sentía mucho calor apasionado y fuego interminable. Ese fuego que cuando menos uno lo imagina, aparece y nos mantiene en pie.
Ambos teams en cancha, con respectivos ejercicios precalentadores y demás zonceras para liberar de poco la emoción y el nerviosismo por lo que viene. Un nuevo juez se hacia presente en mitad de campo y hacía sonar el chiflido inicial.
Un partido eliminatorio, así con nombre y apellido, y letras mayúsculas. Los players de ambos bandos sabían más que nadie que se jugaban mucho en esos casi cincuenta minutos de la gloria o el apático ocaso. Se jugaba a por todo, y como era de esperarse no faltaron las piernas fuertes, los roces, los cruces de palabras y todo ese maldito pero infaltable jugo folclorístico que le da más sabor a este deporte universal y eterno.
Las redes aún se mantenían intactas, el albino balón rodaba y rodaba pero su destino por excelencia no se concretaba. A mi humilde opinión, el match más trabado y laburado en todo este Clausura 2012. No sólo para O.F.C., para SampuTeam también. Así como también muy pausado en algunos períodos del encuentro, dónde los laterales y los foules se hicieron protagonistas. Para remarcar la templanza y la paciencia de los nuestros, los de garras verdiblancas, que mantuvieron a la expectativa de los fanáticos que se hicieron presente hasta atragantar ese grito sagrado que se hacia rogar incansablemente.
El segundo acto modificó el escenario de manera negativa. Samputeam dominaba el balón, aunque sin peligros relevantes. Pero aún así complicaba bastante.
Y entonces es donde remarcamos la presencia y la figura saliente: nuestro cancerbero. Siempre firme en sus salidas, tanto como sus reflejos y sus pausas para tocar el rodado número 4 en el momento justo. Aplauso, medalla, beso y palmada de felicitaciones para el Uno.
Esto es fútbol, y a veces con la técnica, la estrategia y la "lógica" (¿existe en el deporte?) no es suficiente. Entonces llego el gol de SampuTeam, y la inmediata desazón de nuestros muchachos.
Señoras y señores, no se detengan en la línea anteriormente descrita. ¿Creían que todo estaba derrumbado?¿Nuevamente nos retirábamos tempranamente del Torneo?¿Las vueltas del deporte otra vez nos jugaban una mala pasada? Nada de eso, gente querida. Onega Fútbol Club siempre nos sorprende, y nos enorgullece.
Por eso con el pecho inflado y con una sonrisa que me dibuja el rostro aunque no me la observen (pero imagínenla puedo relatar que a un minuto del final (sí, un minuto), estalló un elixir de algarabía, descontrol, furia imponente y sobre todo, relajación. ¿Quien dice que los empates no se festejan? El deleite de la parcialidad verdiblanca fue, es y será este inolvidable 1-1 frente a Samputeam, un dignísimo rival.
Ahora sí, tarea cumplida por esta semana. Se vienen los Octavos de Final, justamente contra un rival que finalizó en esa posición. Hay mucha fe y muchas ganas de continuar este sendero de victorias cardíacas. Todos juntos, podemos.
Pablo Zapata (5)
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| Un domingo especial. |

2 comentarios:
Que ganas de jugar los octavos!!! PUTA MADREEE!!!!
Genial
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