13 abr 2013

Nunca a menos.

Y se reanudó el Torneo Apertura 2013, para alegría de todos.
Luego de una semana muy especial, por lo calamitoso de vivir una oscura Buenos Aires (como hace mucho tiempo no se veía), el Verdiblanco salía al campo de juego a demostrar el camino hacia la luz.Mañana ideal como las que más gustan, un azul cielo que nos espíaba a través del brillo del Sol. No quería perderse una nueva función dominical. Y tampoco podíamos fallar.
Con la presencia de un hincha-jugador que semana tras semana se esfuerza para aportar lo suyo tanto adentro como afuera del césped (Luqui Zapata), nuevos presentes, y otros "malheridos" que vinieron a aguantar la parada sin remordimientos (Jorge Bonifacio).
El plantel ya estaba listo en el campo, luciendo su elegante conjunto oscuro; esperando. Esperando a un rival que, como su nombre lo afirma, daba indicios que la parada no iba a ser sencilla: Jolmer Duro estaba frente a nosotros y no quería pasar inadvertido por el predio de Palermo. Saludos protocolares entre juez y rivales, y a rodar el albi-balón.

De momento, los equipos estaban en la etapa de inteligencia del partido. Mucho estudio de movimientos, sin arriesgar con empeño pero tampoco dejando de pisar el acelerador. Y los minutos corrían. Promediando la tanda, Jolmer primereó a Onega en el score: tiro libre punzante para inflar propia red. Nunca aflojar, esa es la consigna.
Como viene haciéndolo en los últimso encuentros, los de Devoto (y tantos barrios más) no llegaban a protagonizar la función aunque sí manejar más conscientemente la pelota, con recaudos y cuidados. Quizá demasiado cuidado, lo que imposibilitaba lograr agresividad al pasar la línea media del campo. Otro cachetazo para despertarnos, nos decía que ahora estábamos dos goles abajo. ¿Será un nuevo click de Onega, para realmente relucir su capacidad de juego?

Lo que sí fue real que al vivir el entretiempo, todos entendieron que era el momento para atacar. Con ganas, con decisión, con la perseverancia caracterizadora.
Entonces en la segunda etapa todo fue diferente al primero, similar al segundo de la 1ra Fecha. Un Onega que se calzó el traje protagónico y relucirlo con todos los faroles encendidos. Siguiendo la línea de juego propuesta por la dupla técnica, algunos cambios posicionales permitieron renovar aires en los laterales y lograr nuevas formas de "entrarle" al área contraria.

Hasta que llegó el merecido descuento a través de un zapapuntinazo de Divico, a media distancia y con marca. Un festejo que significó el, ahora sí, dominio total del verdiblanco.
Unos cruces verbales entre propios y ajenos incentivó a que el match se jugará con más punch y full-motor. Más allá que no pasó a mayores, el encuentro estuvo parado (correctamente) por el juez unos minutos para calmar las aguas y que el Fútbol continuara con toda su hermosura sin necesidad de demostrarla a través de un insulto ó una patada.

Ferro clavó el empate definitivo nomás, luego de centro enroscado por el mediocampista Zapata. Algarabía en envase mayor para resaltar más que nunca que las pardas, también se festejan.
Pitazo final. A las duchas, oneguenses, merecido relax luego de un trabajoso partido.

Para destacar el juego del rival y la personalidad que demostró siempre, casi igualando a la capacidad que tiene en ese sentido, Onega. Los años de Torneo, de a poco, salen a la cancha.
A esperar la 4ta ahora, tranquilos de siempre mejorar. Así, sí!

Entre ceja y ceja
- Redacción Oné -

5 abr 2013

Somos la Memoria


La vorágine de un nuevo inicio competitivo oficial recorría cada una de las arterias verdiblancas, desde la uña del pie hasta el cabello más erizado. Un tiempo que parecía eterno el vivido hasta el comienzo del Torneo Mundogol 2013, lo cual agitaba sensaciones por doquier y rogaba de una vez por todas la silbatina de largada.
Sin embargo la fecha en sí era muy especial, más allá de los hechos deportivos que se presentaban en ese instante: 24 de Marzo. Un día eterno, una jornada de homenaje que recorrió (y continúa recorriendo) todo la inmensidad argentina.
Fiel al estilo Oneguense, decidimos parar la pelota. Un minuto para bajar del cielo, y pensar en los que están en el Cielo. No se dudó un instante: nosotros también decidimos realizarles un humilde homenaje. Entonces nos unimos, nos abrazamos, y en ese minuto de reflexión fuimos testigos una vez más de pensar que pibes como nosotros, 37 años atrás, la vivían muy, pero muy diferente, a lo que existe en la actualidad.
Imágenes que se cruzaban por muchas mentes, y muchos corazones. Lógicos escalofríos de poder (y querer) entender cómo y por qué sucedieron tremendos sucesos, en aquellos tiempos de oscura Argentina. Y todo se resume en dos gigantes y eternas palabras: ¡NUNCA MÁS!
Un respetuoso silencio.
P. Zapata.-