Volvemos a aparecer, a través de estas humildes líneas escritas por un Fanático sin límites. Sí, porque este blogger siente tanto como ustedes estos momentos que vive el Club de nuestros amores. Épocas de apasionados y tristes domingos, en donde las victorias nos amagan y nos tiran un caño, haciéndonos pasar de largo.
Entonces decía, que acá estamos todos nosotros. Que mantenemos un Amor sin tregûa ni entretiempos, donde confiamos en que la unión todo lo puede y que unos simples resultados adversos no empujarán al abismo.
Domingo al estilo londinense. Espiaba el Sol de a ratitos, tal vez esperando la salida del equipo verdiblanco a la cancha; y salen nomás, aproximadamente a las 16 horas. Respaldados por una hinchada incondicional que se agrandó considerablemente, y una bandera que reza lo que todos mantenemos como estandarte. Comenzando el match, los verdes se dan cuenta que los originales rivales no se presentaron a la cita. Viejos conocidos: Ramallo. Aquel con el que se mantuvo un encuentro picante, allá por el 2011, donde el resultado quedó en tablas. En reemplazo, un rejunte de jugadores que había finalizado recientemente su partido en la competencia, sumado a otros individuos a los que no se le reconocía ni su propio nombre... En fin, estaba el rival en el campo. Rival de toques cortos en ataque, pero improlijidades en el fondo. Eso le produjo grandes beneficios a Onega F.C., el punto débil estaba ahí, en la defensa contraria.
Sin embargo, no todo es obviedad en el Fútbol y el primer grito de gol fue ajeno. Abajo en el marcado, Onega, aún sabiendo que su partido estaba ganado, quería inyectarse intravenosamente una victoria para regocijo propio. No más derrotas, no más. Entonces apareció el Quince, que tras un rebote conectó el balón adentro del arco rival. Empate, alivio, ganas de dar vuelta la historia, continuar por la senda que más alegrías da.
Finaliza el primer acto, y la hinchada (y el equipo mismo) se mantiene en vilo. Sabía que el hilo del match estaba manejado por manos verdes y blancas. La cuestión era resolver el asunto de una buena vez, sin más incógnitas.Pero este domingo londinense no fue la excepción.
Volvieron a escena la insana costumbre de miradas al cielo preguntando "¿Por qué?", reproches propios, hechos de suma impotencia. Nuevamente, no encontramos la respuesta. Pero si mantuvimos ese grito grupal que nos obliga y nos provoca la sensación de seguir siempre Adelante. Eso es lo que se vivieron en los veinticinco minutos del complemento. Y sin exageraciones, veinticinco minutos puros. Porque aunque la posesión no fue total, sí lo fue las situaciones de gol autoelaboradas, y no por errores ajenos.
La dinámica de lo impensado pudo más, diría Panzeri. En la borra del partido, fatal situación al ver que el balón estaba acariciando nuestra red. Sí, 1-2. Creer...o creer. Pero la derrota otra vez frustró los corazones de todos los hinchas del conjunto de los huevos de acero.
| Esto es un Equipo. |
P.Zapata (5)
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