Se vivió una semana con muchas ansias y curiosidad por saber qué iba a suceder. Onega se estaba enfrentando al reto más grande de su Historia: la confianza y la seguridad sobraban.
Finalmente el día Domingo llegó, para alegría de muchos.
Día que amaneció semi-nublado, quizá también como una forma de demostrar la incógnita de lo que sería horas más tarde: ¿saldría el Sol radiante, o habría que sufrir lluvias intermitentes? Nada de ello pasó, puesto que el Sol estuvo muy travieso a lo largo de la mañana. Tan travieso como el resultado y los goles, que nos esquivaron de manera continua.
Y así nos adentramos de lleno en lo que fueron los Octavos de Final. Una serie prometedora: por un lado, el sorprendente Rústico (vencedor de Ramallo la noche anterior); por otro, Nosotros, los Verdiblancos de los Huevos dorados. Las palabras sobran, era tiempo de jugar.
¡Y qué tiempos de juego, por favor! El equipo negro y azul esperaba más de lo que atacaba. Error clave: Onega salió con los dientes apretados (y algún que otro cuchillo filoso a cuestas), para dominar de popa a proa este Match. Y fue así nomás.
Las situaciones de gol hasta similaban surgir por cuenta propia, aunque sin tener un final feliz (todavía). Desplazamiento del balón de derecha a izquierda y viceversa no hacía más que generar incertidumbre a los adolescentes, por saber dónde estaba la pelota. Adolescieron, sin lugar a dudas.
Aunque para sorpresa de todo el Estadio, la primera etapa finalizó en tablas a cero. Raro el score, una mezcla de suerte y efectividad que no combinó en el punto ideal. Había que seguir, porque las garras verdes aún no produjeron heridas profundas en el adversario.
Segundo tiempo y Show. A rodar y a rodar, mi vida. En honor a Fito.
Llevando a cuestas un agresividad y constancia que se mantuvo durante todo el primer tiempo, había pizcas de cansancio que creían paulatinamente. Esto no fue un obstáculo señores, porque el Amor Propio lo puede todo.
Pisando los 10 minutos de la etapa, una salida veloz y dominada (luego de una combinación entre Bonki y Pabli), finaliza de la mejor manera: toque de primera de Crokis al 15, Ema, para clavar de un zurdazo al primer palo nuestra realidad futbolística. Ganar el partido.
Pero era extraño que no se genere ninguna situación perjudicadora a nuestros corazones, ¿no? La verdad que sí, una utopía que no sucediera nada. Inusitadamente, los generadores de ese momento para el Infarto con mayúscula fuimos nosotros. Un desentendimiento defensivo que produjo una sensación de silencio, nervios y alguna que otra puteada, a la máxima potencia. Finaal del Partido. El Verdiblanco entre los 8 mejores del Apertura 2011.
Sentimientos a flor de piel se vieron la mañana del Domingo. Saber que queríamos (y podíamos) llegar a más sin dudas marcó lo que finalmente fue el ganador de la partida. Ahora se viene nada menos que otra función de este estilo, a sala llena y con el público expectante. Expectante por saber qué sucederá con nuestro viejo y querido Club Onega.
Pabli (5).-
Amor sin Fronteras
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