25 may 2011

Traspié

Una mañana fresca y nublada amanecía junto a los players de los huevos (y todos sus fanáticos/simpatizantes). Aún, algunas vanas gotas caían del cielo de forma insistente y molesta sobre la ciudad de Buenos Aires, quizá prediciendo que el clima dominical iba a ser completamente horrendo. Un 22 de Mayo de 2011.

La delegación iba apareciendo, con furia y sin miedo, por las calles que circundan el apacible barrio de Nuñez. Sin duda alguna, la alegría y el brillo que trae consigo este grupo de personas reluce domingo tras domingo. Demostrando que disfrutar cada momento es la regla primera.
La Décima se acercaba, y el hambre de victoria hacía estragos en el estómago de más de uno. Los pasados inmediatos mostraban tablas en el resultado. Resultados que nos vienen acompañando hace rato.
Sin embargo, Ganar es deseo de muchos y se encontraba guardado en el rincón ese sagrado grito. Como se acostumbraba poseer, la confianza y la concentración serían factores que ya no harían falta curtir en este encuentro. Plasmémoslo y veremos...
Llegó "Deja Vú", el rival de turno, al campo de juego. Un conjunto que iba apareciendo de a medias, lentamente, y con la aparición final del portero. Todo listo para comenzar la anteúltima fecha del Apertura 11.

Como en últimas oportunidades, la paciencia y el "check-in" del contrincante era el protagonista del juego en ambos lados. El balón circulaba de lado a lado sin encontrar un dueño absoluto, salpicando a más de uno cuando había que jugarse entero por su propiedad.
Ambas defensas se encontraban firmes y prolijos en sus sectores. Onega intentaba usar sus fichas laterales para sorprender al contrario en los ataques veloces, pero aún faltos de peligro. Del otro lado, se apostaba por los pases a media distancia y juego de toques rápidos.
Equilibradísimo encuentro, sin fisuras. Promediando la primera mitad, una inesperada situación (inesperada para todos) provocó que los colorados pasen al frente en el marcador. El polifacético Diez no pudo impedir que nuestra red sea la primera en darle caricias al balón albidorado...

Si hay algo que posee como virtud el albiverde, es el respeto y la frente en alto como símbolo de la grandeza que nos caracteriza. Pero situación como la vivida, no posee ninguna semejanza con la realidad.
Onega iba e iba, con el objetivo claro y profundo. Todo resultaba complicado de realizar, Deja Vú resulto ser el dueño de una de las mejores defensas hasta ahora enfrentadas. Todo era empuje y corazón...
Casi pisando los tres cuartos de la primera mitad, el Ocho se mandó por su carril sin dudas ni rencores. Aún con infracciones del colorado, el gran lateral era digno de aplausos por llegar a la línea final con el ímpetu que tuvo. Preciso centro atrás, como lo marcan los libros, concretaría el empate festejado y soñado...Concretar en condicional, sí, porque como NO marcan los libros, el atolondrado juez de orden marcó un estrepitoso foul. Retrocediendo la jugada y sin siquiera mostrar (merecida) tarjeta al lateral izquierdo del rojo.
Al humo todos (como para no hacerlo), demostrando que nadie nos pasa por arriba en los papeles. Menos con el silbato entre dientes...
Todo fue extraño a partir de ese momento. Los animos, caldeados. La brusquedad y el nerviosismo aparecieron, todo aparentaba consumar una gran mezcla. Fin del 1er tiempo.

El segundo tiempo la Furia verdiblanca quería estallar de una buena vez. El empate le sentía bien al partido, era justo que sea así. Aunque las herramientas para lograrlo lamentablemente comenzaban a diluirse...La pelota giraba, siempre. Y los jugadores de las garras pretendían que ese giro sólo poseyera un solo destinatario. La fortuna no estaba de nuestra parte.
A los botes. El Diez a la cancha y el Tres bajo los tres palos. Decisión acertada porque se necesitaba un poco más de punch y aire arriba. Esta vez los golpes serían de sabor rojo...
4 a 1 Final. Derrota inusitada, pero pecho inflado más que nunca.

La síntesis marca que el partido fue más trabado que jugado, con algunas situaciones chocantes entre rivales que calentaron, apenas, un encuentro fugaz. Sin duda alguna, el sector medio de ambos bandos fue el desequilibrio que marcó el score final. Exagerado score, mentiroso, pero real.
De las derrotas se aprende, y creo que ésta es una de las de más importancia. Cuando uno menos lo espera, los obstáculos aparecen. ¿Solución? No queda nada más que atravesarlos o saltarlos. Con convicción y coraje.

Se viene el partido que define el Grupo 3. Alegría inmensa estar dónde estamos, saber que somos observados por más de uno. Ser tapas de diario y reconocimiento generalizado. Un momento que sólo nosotros sabemos como lo llegamos a alcanzar y que pocos entenderán.
El domingo que viene puede ser un gran día, epopéyico en esta pequeña historia que posee las primeras páginas. Sigamos adelante, que todavía le que queda muchísimo calibre a este tintero.

Onega, incondicional y fiel amor.

Pabli (5).-

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